El pasado mes de agosto se inauguró, con un partido entre el Chivas y el Manchester United, el Omnilife, un estadio ubicado en Guadalajara (México) que ha sido ideado por los arquitectos franceses Jean Marie Massaud y Daniel Pouzet y cuyo diseño está inspirado en un volcán en erupción.

Con una capacidad de 45.000 asientos, su forma permite que la estructura de las gradas sea envuelta por un parque en pendiente, creándose un espacio público que puede ser usado también por los habitantes de la ciudad los días que no haya partido. Por arriba, una gran cubierta blanca da sombra a las localidades y a la vez recrea una gran nube blanca que se cierne sobre el volcán.

Su diseño arquitectónico permite una ventilación cruzada que evita la necesidad de tener que instalar aire acondicionado, ni siquiera en los palcos. Esta conciencia ecológica le convierte en una edificación energéticamente eficiente, cuya característica más destacada radica en su forma, que además de imitar a un volcán, tiene la función real de captar el agua de lluvia que cae por sus vertientes, para posteriormente reutilizarla.

Este sistema permite la captación de más de 30.000 m³ de agua anualmente, que se utilizarán para el riego, el lavado de gradas, servicios y mingitorios. El campo de juego no requiere este riego, ya que es de césped artificial. Se compone de una mezcla de fibras, arena de sílice y arena de goma, un producto de la reutilización de zapatillas deportivas.

Este césped es tan parecido al natural que su composición ya ha sido solicitada para otros estadios, debido a sus bajos costes de mantenimiento. Además, es resistente a la radiación ultravioleta y los ataques bacterianos.



Aunque la funcionalidad del estadio-volcán es actualmente la celebración de partidos de fútbol, conciertos y espectáculos, se tiene la intención de convertir este espacio en un lugar de convivencia diaria, que pueda servir para pasar un día de campo o dar una agradable caminata.

Sin embargo aún habrá que esperar dos años más para conseguir el efecto deseado, para que la hierba y los árboles envuelvan desordenadamente el volcán como una vez soñaron sus diseñadores.



Hasta entonces serán las concentraciones masivas de gente reunidas en torno al fútbol o a los conciertos las que verdaderamente lanzaran toneladas de energía positiva desde el Omnilife, que se percibirán a kilómetros de distancia; como “la energía de un volcán en erupción, coronado por una gran nube que se toca con el firmamento”, en palabras de sus creadores.

Un magnífico y novedoso estadio; y ciertamente curioso, pues será el único recinto deportivo del mundo que tenga una capa de piel verde por fuera hecha de hierba real mientras, por dentro, el campo de juego es de hierba artificial.