El ingeniero estructural norteamericano Ted Zoli es uno de los mayores expertos en puentes atirantados del mundo. A raíz de los sucesos del 11 de septiembre de 2001, Zoli se centró en la modernización y protección de los puentes en todo Estados Unidos, gracias a que desarrolló un material compuesto para los revestimientos resistente a la explosiones y con una amplia gama de aplicaciones de construcción.

Ahora ha querido demostrar que otro material mucho más común, como la madera, es también un excelente sistema para preservar y construir los nuevos puentes del mundo.

Zoli, ganador de un premio MacArthur de innovación en 2009 , ha sido el encomendado para cerrar la brecha existente entre dos espacios al aire libre en Brooklyn (NYC), uno de ellos un pequeño parque pavimentado ubicado en el lado norte del Paseo de Brooklyn Heights Promenade y el otro, el parque de 35 hectáreas de Brooklyn Bridge Park, situado a lo largo de la costa.

Lo hará con un puente peatonal colgante de madera que ha bautizado como “Squibb Bridge”, una pasarela de 120 metros de largo que transcurrirá a 9 metros por encima de la jungla del asfalto y cuyo presupuesto está aceptado en 5,9 millones de $. Moverse por esta pasarela tendrá algo de mágico, ya que el puente zigzaguea con gracia a través de los altos árboles, entre los edificios y las calles, llevando al peatón a una nueva perspectiva de tránsito.



Estará apoyado sobre pilares de hormigón vertido y suspendido mediante cables de acero. Pero el principal material de construcción será la madera de la Robinia pseudoacacia, la conocida como “falsa acacia”, un árbol que es originario de Norteamérica pero que también se encuentra ampliamente extendido en nuestro territorio (sobre todo en calles y parques) y al que los barrenderos tienen cierta ojeriza cuando echa millones de flores en primavera.



La madera de este árbol es muy resistente a la putrefacción, duradera y sostenible, afirma Zoli, que también la utiliza pues es la especie más numerosa y prominente del paisaje de los parques que unirá. El resultado es un sendero que recuerda a un paseo por una reserva marítima o el puente de madera de un parque nacional, como podría ser el de las Tablas de Daimiel, gracias a un diseño que demuestra un magnífico equilibrio entre la elegancia, la fuerza y la sostenibilidad.