Con una población cada vez mayor, y los espacios residenciales en crisis, los arquitectos han visto en los rascacielos sostenibles un lugar en el horizonte que ofrezca un respiro a estos tiempos de dilemas sofocantes por el calentamiento global.

La “Torre del Viento” es una mega-estructura en espiral diseñado por los arquitectos británicos David Arnold y Alexa Ratzlaff con forma de muelle retorcido, cuya aerodinámica está pensada para aprovechar las corrientes de viento dominante, independientemente de la dirección en que sople.

El eje de la torre está abierto y formado por tramos de turbinas de 45 metros cada una, capaces de cosechar la energía del aire y generar energía para 2.000 viviendas, lo suficiente para auto abastecer completamente al complejo vertical.

Alrededor de este eje, y envolviéndolo en espiral, se acomodan los distintos espacios, incluidas las instalaciones comerciales, residenciales, institucionales y recreativas. Hasta el primer tercio de la estructura, ésta se cubre totalmente como si fuera un edificio normal; pero al ir elevándonos en altura la turbina se va abriendo al viento para aprovechar la intensidad de éste en las capas superiores.

El diseño helicoidal de estos rascacielos también podría aprovechar su forma para la captación de agua a partir de las nieblas de la mañana, con sólo recubrir los exteriores con redes de captación, un sistema que hace a la bruma precipitar en agua en contacto con cierto tipo de entramados.



Los denominados captadores de niebla o de “precipitación oculta” se basan en una fina red que se ubica frente al aire húmedo de la mañana. El agua se condensa entre los filamentos de esta red y se recoge para ser transportada fácilmente hasta la base, gracias a la forma de tornillo invertido del edificio, lo que permite que el líquido elemento baje de forma natural.

Esta estructura helicoidal prístina permitiría el desarrollo de sistemas de agricultura sostenible en el entorno del rascacielos, en ciudades al borde del desierto o en los lugares más secos del planeta. Bastaría con desechar la turbina y los espacios residenciales, para quedarnos sólo con la piel de la serpiente.



Es la idea que persigue la compañera de “la Torre del Viento” de Arnold&Ratzlaff, en este caso bautizada como “la Torre de la Niebla” de los arquitectos chilenos Alberto Fernández y Susana Ortega.

Esta torre, ahora hueca, está altamente especializada en este método de captación de agua para una niebla única de Chile, la denominada “camanchaca”, un tipo de neblina costera dinámica y muy copiosa que se produce en algunos lugares del Pacífico, como el desierto de Atacama.



Con una estructura de 400 metros de altura, el sistema de distribución de agua tiene un rendimiento previsto de 20.2 litros por metro cuadrado de superficie vertical, con una producción de 20.000 a 200.000 litros de agua por día, suficiente para llenar de verdes campos y huertas la base de estos ingenios, por muy yerma que sea la tierra sobre la que se eleven.