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Cueva de la Pileta


 



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1905. José Bullón Lobato descubre la cueva de La PiletaJosé era un colono que cultivaba las tierras de un rondeño llamado Juan Ortega, un polje amesetado situado en el término de Benaoján conocido como el Hoyo de Harillo foto.

«...Y para abonar las tierras un día decidió buscar murcielaguinaGlosario: Murcielaguina: guano de murciélagos. foto en una sima próxima llamada la sima de Los Murciélagos foto (hoy «de Las Grajas»). Ató una cuerda en la entrada y descendió treinta metros hasta llegar al suelo de una galería en la que encontró vasijas de cerámica, restos humanos, extraños signos en las paredes y señales evidentes de fuego.

Al llegar al final volvió sobre sus pasos y exploró entonces un orificio en una zona alta que le condujo a la galería principal de la Cueva, impresionándose con su inmensidad. A la luz de la lámpara de acetileno, la Cueva le parecía interminable y su sorpresa iba en aumento a medida que se adentraba, pues aparecían animales pintados en las paredes y signos que le parecían letras. Vadeó sin dificultad una sala cubierta de agua en la que había muchos restos de cerámica y continuó explorando por una galería muy estrecha que le llevó hasta la sala terminal, donde finalizó su exploración sobrecogido por el abismo que allí se abre....» (Bullón, 1977).

La sima de Los Murciélagos era conocida por los lugareños, pero no había constancia de que se conociera su interior, no mencionándose su existencia en dos obras fundamentales para el conocimiento de las cuevas y simas de la provincia publicadas con anterioridad 1.

Tras su descubrimiento, José comenzó a llamar a la sima «cueva de Los Letreros». Él nunca había oido hablar de culturas prehistóricas y no sería hasta conocer años después a los investigadores que fueron a estudiar las pinturas, que supo de la importancia que tenía su hallazgo.

1909-10. W. Verner foto explora la Cueva

Retirado del servicio activo a causa de una herida en la Guerra de los Boers, que le obligaba a usar bastón, el coronel William Willoughby Cole Verner (Ulster, 1852 - Algeciras, 1922) actuó como muchos compañeros coloniales, es decir, abandonó Inglaterra para establecerse en un lugar de los que había conocido al servicio de la reina, Gibraltar. La Roca era el lugar adecuado para su máximo hobby, la ornitología, aunque meses después dejaba la colonia por motivos económicos para establecerse con su familia en una finca de Algeciras, el Águila.

Fue un día del mes de enero de 1907 mientras regresaba de una de sus expediciones ornitológicas, cuando oyó hablar a sus acemileros de «una cueva con escritos en las paredes»; aquello le interesaba y decidió visitarla en su próxima expedición. Diversas circunstancias le impidieron hacerlo hasta más de dos años después, impasse que aprovechó para ir recogiendo información de la Cueva. Sabía por ejemplo que el autor del descubrimiento había sido un labrador que buscaba guano de murciélago para abonar sus tierras. También sabía que en su interior había un abismo insalvable. En el capítulo de la información apócrifa situó Verner ciertos rumores relativos al descubrimiento de tesoros fabulosos en la Caverna.

Estas noticias circulaban por la comarca configurando la leyenda de la «cueva de La Reina Mora», «cueva de Los Murciélagos» o «cueva de los Letreros», nombres todos ellos con que se la conocía popularmente.

Durante la primavera de 1909 pudo ponerse, por fin, en camino. Le acompañaban sus fieles acemileros y varios miembros de la tripulación de un navío británico anclado en Gibraltar, «buenos montañeros dispuestos a cualquier aventura». El grupo emprendió la marcha en la estación que tiene el ferrocarril a su paso por Jimera de Líbar foto, adentrándose por la garganta del Guadiaro hasta que tuvieron que dejar los mulos en lo hondo y comenzar una ascensión que coronó en el Hoyo de Harillo, donde conoció a José 2.

José les mostró un orificio que «parecía una ventana en el flanco del peñascal, de unos ocho pies de alto por cinco de ancho» y acompañó a Verner y a sus hombres hasta la entrada de la Cueva, «que no es una verdadera entrada, sino más bien un orificio al borde del cual se apercibe una gran cavidad de profundidad desconocida».

Guiados por José y sirviéndose de una soga de cien pies fueron descendiendo uno a uno hasta que, una vez reunido el grupo, Verner emprendió el reconocimiento de aquel sector de la Caverna. Al frente se hallaba cerrado por un escarpe vertical que José aseguró podía escalar en las épocas en que la Cueva tenía menos humedad, pero estaban en primavera y era quimérico intentarlo. Ante ello, Verner tuvo que posponer su deseo de seguir adelante y dedicarse exclusivamente a explorar el fondo de la gran sala.

«Por fin tuvimos suerte con la misteriosa cueva, escribió el coronel, y fueron recompensados nuestros largos esfuerzos, tantas veces aplazados. A la luz de una pequeña linterna vimos en las paredes lisas series de signos o caracteres de curiosa forma; los unos, grabados con un instrumento cortante; los otros, dibujados con pigmentos negros. Tras años de fallidos intentos, estábamos en presencia de una mística escritura que ningún hombre ha podido leer».

Meses después, en otoño, Verner volvió a la Cueva pero no pudo penetrar más lejos que la primera vez, pues la halló intransitable por las lluvias caídas en la región durante aquella época. La suerte iba a ser más propicia la siguiente ocasión: otoño de 1910. Le acompañaban cuatro amigos británicos y contaba con un buen equipo de escalada, cuerdas, piolets, etcétera, con lámparas y luces de magnesio, amén de provisiones para varios días.

La exploración fue fructífera. Permitió que Verner cobrara noción de las dimensiones gigantescas de la Cueva y, como experto topógrafo que era, pudo en aquella ocasión levantar un plano preliminar de la misma. Pero lo más importante de todo fue que el coronel vio gran cantidad de nuevos dibujos trazados en las paredes, y éstos ya no eran extraños símbolos, sino magníficas representaciones de animales pintados en diferentes colores.

Septiembre y octubre de 1911. El Saturday Review publica «Cartas desde la más agreste España. Una cueva misteriosa», de W. Verner

El semanario londinense publicó en seis entregas un relato de W. Verner, acerca de sus aventuras en una caverna de la Andalucía meridional. El título de los artículos, Letters from Wilder Spain. A mysterious Cave, bastó para captar considerable número de lectores. Así la prosa del soldado colonial fue deshojada con fruición entre «porridges», huevos cocidos y aroma de té, en sucesivas mañanas dominicales. Las noticias que el Illustrated London News y otras publicaciones británicas suministraban acerca del descubrimiento de cuevas prehistóricas en el sur de Francia y en el norte de España quedaron eclipsadas por el relato ameno y desenfadado del coronel.

20-03 al 15-04 de 1912. El investigador Henri Breuil organiza una expedición a la Cueva

Los artículos de Verner los había leído por azar Henri Breuil, un jesuita francés que a sus treinta y cinco años se había convertido en una eminente autoridad de la cultura del Hombre de Cromañón. Extraordinariamente interesado, «... A pesar de que la localidad no se indicaba, la precisión de las observaciones y el nombre del autor, bien conocido por sus bellas búsquedas ornitológicas, no dejaban ninguna duda sobre el carácter real y la importancia excepcional del descubrimiento» 3 (Breuil et al, 1915), envió una carta (la dirección se la proporcionó el redactor del semanario) al «inventor de la cueva misteriosa» el 17 de noviembre, preguntándole si tenía algún inconveniente en guiarlo a la Cueva. Verner no deseaba otra cosa y a vuelta de correo comunicó a Breuil que estaba a su entera disposición: «...si hay algo más que en particular quiera buscar usted en las cuevas, hágamelo saber y yo haré lo mejor que sepa para cumplir sus instrucciones. Sinceramente suyo, W. V.».

La expedición la patrocinó el Instituto de Paleontología Humana de París, fundación auspiciada por el príncipe Alberto I de Mónaco foto. Participaron en la misma Henri Breuil foto, el también jesuita y prehistoriador Hugo Obermaier, Paul Wernet foto, discípulo de Obermaier, y Juan Cabré Aguiló foto; a cargo de la intendencia estuvo W. Verner, autor de la primera topografía (Ver Plano 1 Saber más.) de la Cueva.

Por aquellas fechas José Bullón había explorado casi toda la Cueva, incluso había labrado toscos escalones en las rampas más difíciles. Aun así a los investigadores les llevó cuarenta y un días autentificar y catalogar las representaciones rupestres de la Cavidad.

1915. El Instituto de Paleontología Humana de París publica una monografía titulada La Pileta á Benaojan Portada

La obra, agotada hace años, es un clásico de las investigaciones prehistóricas. En ella, se plasma el resultado de los estudios realizados por H. Breuil y H. Obermaier en La Pileta, centrados éstos principalmente en el arte parietal: se describen 59 puntos topográficos en los que aparece al menos un motivo gráfico, ayudándose para ello de los dibujos a mano alzada de Breuil, las fotografías de Obermaier y la topografía de Verner.

El hallazgo de peces pintados fue una de las novedades más relevantes del arte parietal de La Pileta, sin olvidar que su situación en el extremo sur de la Península amplió las fronteras del denominado Arte Franco-Cantábrico.

El título de la monografía recoge por primera vez el nombre con el que es conocida la Cueva, «de La Pileta» 4, nombre que eligió José Bullón cuando Obermaier le refirió que ya había en Andalucía una cueva llamada «cueva de los Letreros». José escogió el nombre para recordar una pequeña pileta de factura romana, ya desaparecida foto, en la que él y los investigadores solían detenerse a beber. Labrada en la roca, la pileta recogía las únicas gotas de agua que brotaban en los alrededores de la Cueva (Bullón, 1977).

29-09-35. Tomás desciende la Gran Sima

Tomás Bullón descendió en solitario al impresionante abismo foto, de unos 20 metros de diámetro, con una cuerda foto de cien metros que le proporcionó su amigo e ilustre malagueño Juan Temboury, alcanzando el fondo a la profundidad de - 72 de metros. El fondo es una gran sala con bellas y níveas concreciones, en la que destaca una mole estalagmítica de 10 metros de altura y 3 de diámetro, el «Arbol de Navidad». Tomás encontró un esqueleto humano fosilizado y petrificado al suelo, del que se recogieron fragmentos para su estudio en una segunda exploración (1944), realizada por un grupo de montañeros malagueños que dirigía el teniente Blas Castro Sánchez.

14-03-92. Descubrimiento de una galería virgen en la Gran Sima

Muchos años antes, Tomás Bullón ya había tenido la sospecha, al observar a los murciélagos entrar a gran velocidad por una grieta próxima al borde del abismo, de que la Gran Sima ocultaba una galería de dimensiones desconocidas. Intentó explorarla en 1944 sin conseguirlo, quedando el lugar en el olvido hasta que sus hijos, con la ayuda del grupo espeleológico G.E.A.R. de Ronda, volvieron a intentarlo en 1992 y confirmaron la existencia de una galería virgen muy estrecha de ± 250 m de longitud.

Notas: 1.- A principios del siglo XX se contaba ya con dos obras fundamentales para el conocimiento de las cavidades malagueñas: El Diccionario Geográfico (1845) de Pascual Madoz y Cavernas y Simas de España (1896), de Gabriel Puig y Larraz. 2.- En las cartas que luego escribiría W. Verner para el Saturday Review, no cita el nombre de José Bullón. 3.- Texto original: "...Bien que la localité nén fút pas indiquée, la précision des observations et le nom de l'auteur, bien conno déja par de belles recherches ornithologiques, ne laissaient aucun doute sur le caractere féel et l'importance exceptionnelle de la decouverte". 4.- En La Pileta á Benaojan, Breuil escribe que se decidió llamarla «de La Pileta» por ser el nombre del cerro en el que está la entrada de la Cueva.

Fuentes: Bullón Giménez, J. A., La Cueva de la Pileta, Rev. Ipek, 1977. Breuil, H., Obermaier, H. y Verner, W., La Pileta á Benaojan (Malaga, Espagne), 1915. Matoso, A., La Cueva de la Pileta. Descubrimiento y primeras investigaciones, 2000. Monreal Agustí, L., El coronel W. Verner: un pionero de la investigación prehistórica en España, Rev. Historia y Vida.

Recopilado por Manuel Aguilera www.cuevadelapileta.org


 





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