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Catedral de Puebla


 






Aunque la primera sede de la diócesis se estableció en Tlaxcala, se cambió a la ciudad de Puebla en 1539, por lo que este obispado se inscribe en la historia como el más antiguo de México.

Ninguna catedral más aventurera que ésta, dijo Manuel Toussaint al referirse al tiempo que llevó construirla. Fue proyectada por Francisco de Becerra y Juan de Cigorondo y se inició su construcción en noviembre de 1575. A partir de entonces avanzó con lentitud y varias veces fue interrumpida. En 1603 se labraron los pilares y alrededor de 1615 se cerraron las capillas hornacinas. Lentamente se continuó hasta 1626, momento en que el rey ordenó suspender la concesión de fondos para la obra. Fue hacia 1634 cuando se pidió a Juan Gómez de Trasmonte, maestro mayor de la Catedral Metropolitana, una readecuación del proyecto original con el fin de concluir la obra. Con su diseño, la Catedral adquirió un auténtico giro clasicista, al lograr romper con el antiguo esquema de salón y obtener una forma basilical escalonada. Los cambios planteados por Gómez de Trasmonte tuvieron que esperar el arribo del obispo Juan de Palafox y Mendoza a la Angelópolis para su realización. Según el propio testimonio del obispo, éste encontró el templo edificado sólo hasta la mitad de los pilares, sin techos, pues no se había iniciado todavía el levantamiento de los arcos y las bóvedas, sirviendo el lugar como escondite y refugio de prófugos y de indigentes.

Durante su estancia en la ciudad, Palafox encargó la dirección de la obra al artista aragonés Mosén Pedro García Ferrer, arquitecto y escultor, pero sobre todo pintor y considerado como el mentor artístico del obispo. A él se debe la cúpula de la Catedral de Puebla, notable por su tambor octagonal que, ordenado con pilastras jónicas, configura en cada paño el motivo triunfal. Fue la primera que se realizó de este tipo en la Nueva España y la única construida con piedra pómez, lo que le confirió una singular ligereza estructural. La disposición lateral de arbotantes y la superficie exterior de la bóveda de cerámica polícroma subraya la originalidad de su composición, que tuvo notable influencia en numerosas cúpulas de iglesias poblanas.

El suntuoso acto de consagración de la Catedral se verificó el domingo 18 de abril de 1649 por el obispo PaIafox, a las seis de la mañana, hora en que se bendijeron las paredes exteriores. El interior se consagró luego de cantos y exorcismos rituales. Enmarcaron tal acto las más brillantes y nutridas procesiones, además de infinidad de festejos, músicas, bailes de máscaras y juegos. La solemnidad y el lucimiento de esta fiesta, que no habían sido vistos nunca antes en ninguna ciudad de la Nueva España, coincidieron con la desgarradora e inevitable despedida del prelado Juan de Palafox y Mendoza de la ciudad de los ángeles. El obispo dejó su templo totalmente concluido en su interior, gracias al trabajo de sus 1 500 oficiales y peones. Se dice que tuvo un costo aproximado de 15 millones de pesos de oro común.

La portada principal, llamada del Perdón, se concluyó en 1664. Es la puerta de honor y se abre sólo en grandes ocasiones. A la izquierda de esta fachada está la estatua de san Pedro, con un libro y una llave, y a la derecha se encuentra la de san Pablo, con la espada. Encima de ellas se observan dos escudos: los jarrones con azucenas simbolizan a la Inmaculada Concepción de María, a quien se dedicó esta iglesia; el otro escudo es el de España. Sobre la puerta izquierda, un relieve representa a santa Rosa de Lima, la primera santa americana, mientras sobre la puerta derecha se encuentra santa Teresa en el momento en que un ángel la hiere simbólicamente con una flecha en el corazón. Estos relieves datan del siglo XVIII. Enmarca esta vista frontal de la Catedral su enorme atrio, que brinda escenario a las poderosas torres, las más altas del país.

La portada del costado que mira al Zócalo se llama de San Cristóbal. Junto a esta puerta, por el interior, se hallaba una gigantesca estatua de madera del santo de las “entradas y salidas”. Actualmente se encuentran allí dos pinturas, una alusiva a dicho santo y otra al milagro de san Miguel. El exterior de este pórtico se ve adornado con esculturas en altorrelieve que representan a los reyes de España, bajo cuyo gobierno se edificó la iglesia. Esta fachada, que fue terminada en 1690, es menos severa que la principal y muestra una mayor plasticidad compositiva y decorativa. Sobre esta misma zona norte se observa también la cúpula del Sagrario. Esta capilla tiene su entrada independiente y ostenta una cruz griega. Sus alcances arquitectónicos y decorativos son muy modestos y de características barrocas.

Si el exterior monumental de la Catedral provoca en el visitante admiración, el interior nos reserva espléndidas muestras de arte novohispano. Su estructura arquitectónica presenta una planta rectangular que corre de oriente a poniente, donde está la fachada principal. El espacio sagrado se organiza en cinco naves: una central, dos procesionales y dos de capillas hornacinas. Aunque la Catedral es considerada como uno de los museos de arte novohispano más importantes por los tesoros que alberga, sólo centraremos nuestra atención en siete puntos: el altar del Perdón, las capillas, el coro, el ciprés, el retablo de los Reyes, la sacristía y la capilla del Ochavo.

El altar del Perdón está situado inmediatamente después de la puerta principal, a la que le da su nombre. La figura central del altar es una bella escultura de la Virgen de la Miseficordia o del Perdón, que data del siglo XVIII. Frente al altar está el lugar diseñado originalmente como tumba del obispo Palafox, designio no cumplido pues finalmente sus restos quedaron en Osma, España.

Distribuidas a los lados de la nave central se encuentran catorce capillas, ocho antes de llegar al crucero y seis después de pasar éste. En total, siete a cada lado del templo. Cada una de estas capillas guarda objetos artísticos de distintas épocas. Notables son las pinturas que las decoran, como las de Villalpando o la pintura italiana de la Tabla de la Sábana Santa que corresponde al Renacimiento tardío, expuesta durante la Semana Santa en la segunda capilla del lado de la Epístola. También destacan algunas esculturas como la del Señor de la Columna.

Paralelo a los pasillos procesionales está el coro. Se accede a él por dos hermosas portadas barrocas, una de cada lado de la nave. Estas portadas lucen columnas de piedra cuyos zigzagueantes canales están decorados con oro de hoja- y están rematadas con un frontón. En la parte superior del coro se observan los ángeles que decoran el antiguo órgano.

Dentro del coro podemos observar la hermosa sillería que data de principios del siglo XVIII. Cada uno de los sitiases es una obra maestra de ebanistería, pues fueron taraceados con maderas de distintas tonalidades y con hueso y marfil, formando arabescos. Al centro se observa una silla de mayor tamaño y ornamentación que corresponde al dignatario más alto. Es de notable belleza el facistol, o atril de libros corales, con apoyo abalaustrado de mármol de Tecali.

Exactamente frente al coro se encuentra, sobre el cuadrado que forma el crucero, el ciprés. Este gran altar fue proyectado por Manuel Tolsá en 1797 y terminado por José Manzo y Jaramillo, quien fue el más notable representante del arte neoclásico en Puebla, en 1819. El altar es de planta octagonal sobre el que se levantan dos templetes sucesivos, uno interior, que aloja al tabernáculo coronado por una hermosa escultura de la Inmaculada Concepción, y otro exterior, monumental, soportado por ocho pares de columnas corintias. Tiene cuatro altares orientados hacia los puntos cardinales, con el principal dirigido hacia el coro. En su gran basamento hay una puertecilla para ingresar a la criptasepulcro de los prelados angelopolitanos. Un conjunto de ángeles esculpidos y frontones delimitan el primer cuerpo del altar. El segundo cuerpo es propiamente el remate cupuliforme.

El Altar de los Reyes

Detrás del monumental ciprés se encuentra el altar de los Reyes. Recibe este nombre por estar dedicado y decorado con las imágenes en bulto de príncipes y reyes canonizados. Este interesante retablo fue diseñado hacia 1646 a petición del obispo Palafox. Fue remodelado al estilo neoclásico a principios del siglo XIX, pero conservó los criterios compositivos del proyecto inicial. En su primer cuerpo, al centro, hay una imagen de la Virgen del Pilar que fue conocida popularmente como la Conquistadora porque acompañó a los expedicionarios españoles.
Tres pinturas son notables en este altar. La Purísima Concepción, patrona de la iglesia, es el lienzo mayor y ocupa el centro del retablo. Las otras dos, situadas en la base del altar, se refieren a la Adoración de los Reyes Magos y a la Adoración de los Pastores, con la imagen del obispo Palafox asomando entre estos últimos. En ambas pinturas se puede notar la tendencia claroscurista derivada de Zurharán, que en Puebla fue introducida por Pedro García Ferrer, pintor que llegó con el obispo Palafox. Completa y cubre todo el conjunto del ábside, la cúpula con la Gloria pintada al óleo por Cristóbal de Villalpando.
Al lado derecho del altar de los Reyes se encuentra la sacristía. Aunque de acceso limitado, éste es un espacio de gran valor artístico. Sus muros están decorados por grandes pinturas que enmarcan el notable ajuar eclesiástico dentro del cual destaca el lavamanos de ónix. De la sacristía se pasa al antecabildo y a la sala capitular, donde pueden apreciarse los retratos de los prelados angelopolitanos.
Por otro lado, a través de un pasillo externo, se llega a la hermosa capilla del Ochavo, llamada así por su forma octagonal. Allí se resguardan obras de distinta procedencia, tema y formato: desde pintura flamenca e italiana hasta ejemplos de arte plumario indígena. Estas obras se encuentran enmedio de una decoración con finísima talla en madera dorada.
La catedral angelopolitana, majestuosa obra de arquitectura herreriana, influyó definitivamente en el paisaje urbano del siglo XVII, siendo modelo del carácter purista que se aprecia en muchas fachadas en las que predominó un tipo de arquitectura barroca, sobria y muy elegante.


 





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