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Complejidad del tejido urbano de la ciudad de Buenos Aires


 






Introducción

Con este trabajo me propongo analizar la configuración del tejido urbano de la ciudad de Buenos Aires, y ver de qué manera se pueden aplicar - si son aplicables - los conceptos venturianos de complejidad y contradicción, al diseño y la percepción de la ciudad, que tiene programas más extensos y complejos que los de los simples edificios.
Robert Venturi, en su libro “Complejidad y contradicción en la arquitectura”, toma como objeto de análisis la forma arquitectónica y su significado, teniendo en cuenta las funciones que cumplen los distintos elementos dentro del todo, que es la obra edilicia en sí. En el caso de la ciudad, los edificios organizados en manzanas y los espacios verdes, además de las vías de comunicación que los vinculan, constituirían los elementos particulares a estudiar, que se combinan y articulan para configurar un todo: el tejido urbano. Pero, como sabemos, este no es un todo acabado, sino que es el resultado de una yuxtaposición de elementos que trasciende las épocas, que se va modificando y complejizando en su desarrollo. Es por ello que para realizar una correcta exposición de los temas, se me hace necesario recurrir, primeramente, a una breve reseña de lo que es el pensamiento de Venturi, para pasar luego a un método histórico, que permita condensar las razones de la conformación urbana actual de la ciudad de Buenos Aires, para poder, finalmente, emitir una lectura crítica, siempre en relación a los postulados teóricos anteriormente mencionados.

CAPITULO 1: Acerca de la complejidad y la contradicción

Para comprender la base de este trabajo, es importante explicitar algunos conceptos que Venturi plantea acerca de la complejidad y la contradicción.
El autor del libro antes mencionado, cuestiona algunos lineamientos de la arquitectura moderna y se proclama a favor de una arquitectura compleja que sirva al difícil conjunto y que opte por ser incluyente. “Más no es menos” (1966 [1972: 26]) es su lema fundamental. Admite la simplicidad sólo cuando deriva de la complejidad interior y rechaza la simplificación obtenida a través de la reducción.
Le resulta interesante la ambigüedad, en tanto se presente como resultado de la yuxtaposición de lo que la imagen es y lo que parece, como así también el fenómeno de lo uno y lo otro en la arquitectura, cuando la relación de la parte con el todo arroja un doble significado. Continuando con los niveles contradictorios, admite la aparición de elementos de doble función, pertenecientes al aspecto de uso y estructura; dentro de estos se pueden ubicar a los elementos reminiscentes que combinan dos significados: uno viejo y uno nuevo, o también a los elementos retóricos que subrayan un significado particular.
Cuando la complejidad se da, en cambio, a partir del programa, se plantea un orden que debe existir antes de que pueda romperse para que la excepción confirme la regla. Aquí se utilizan elementos convencionales, corrientes por su forma y uso.
Estos conceptos son aplicables aún cuando se extiende la escala, dando como resultado unas composiciones complejas en las que sus partes se ven reforzadas por su compromiso con el todo; es como una especie de inflexión en la que el conjunto se manifiesta por la naturaleza de sus elementos singulares. El elemento inflexionado tiene una función parcial, ya que depende de algo que está fuera de él y en cuya dirección se inflexiona. Esto se pone de manifiesto a escalas diversas y con distintos grados de intensidad.
En lo que a la ciudad se refiere, es necesario entenderla en un grado de abstracción sustentado en una forma comparativa del conocimiento histórico, abandonando lo individual e internándonos en las características esenciales del fenómeno urbano, ingresando en un tiempo que se mide en magnitudes de época y en un espacio que se define en términos de región o de mundo.
En relación a este punto, Venturi llama a una toma de conciencia del pasado racionalmente considerado como precedente y afirma, además, que el sentido histórico implica una percepción, no sólo del pasado como pasado, sino del pasado como presente; esto es, tomar lo preexistente como potencial para realizar nuevas intervenciones e ir, de esta manera, modificándolo directa o indirectamente para transformarlo en contemporáneo.
Así, la planificación a corto plazo, que con oportunidad combina lo viejo y lo nuevo, debe acompañar a la planificación a largo plazo. La arquitectura es tanto evolutiva como revolucionaria, y como arte debe reconocer lo que es y lo que debe ser; lo inmediato y lo especulativo.

CAPITULO 2: Aspectos históricos de la estructuración urbana

La estructuración física de la ciudad es el resultado de múltiples intervenciones de diferentes operadores cuya acción es consecuencia de procesos socio-económicos, políticos, culturales, técnicos, etc. Los distintos planos históricos afectan y determinan las transformaciones físicas, pero éstas, de marcada inercia estructural, asumen una cierta autonomía en la propia organización física de la ciudad. Es por ello que pueden definirse ciertos momentos de consolidación urbana, que arrancan con la fundación de Buenos Aires y su trazado en forma de damero, que aún se conserva idéntico en el microcentro, dejando marcada la impronta del poderío político español de ése momento. El tejido urbano puso de manifiesto un marcado efecto de perduración en la planificación originaria; se produjo una absorción natural de las demandas del crecimiento pre-moderno, demostrando la validez del modelo fundacional y su capacidad de introducir o auspiciar ciertas modificaciones tipológicas sin producir cambios significativos en la estructura urbana, adaptando lo viejo y lo nuevo, de acuerdo con lo explicitado en el capítulo anterior.
Sobrevino una etapa de transición en la que se introdujo una masiva mano de obra inmigrante, deshaciendo la tradicional sociedad “a la española” y variando el diseño de la gran aldea. Esto conlleva a un período de industrialización que permite la aparición de densas concentraciones urbanas.
Si bien las reformas que trajo aparejadas este proceso, todavía hoy generan y admiten muchas críticas por los conflictos y contradicciones que en ellas conviven, no se puede dejar de mencionar que en este período se produjo una utilización más racional del espacio urbano, una mayor eficacia en el funcionamiento económico de la ciudad y un reconocimiento del rol metropolitano a través de la formalización del espacio público, aunque este perteneciera al “centro” urbano, enfatizando la estructura radial y la dependencia del centro.
De este modo, se reconoce una visión de futuro de la generación de esa época, que supo acompañar la planificación a corto plazo con la planificación a largo plazo de la que hablaba Venturi, reconociendo elementos de doble función (elementos reminiscentes).
En el período subsiguiente se terminan de gestar las características que posee el tejido urbano actualmente. Con la aparición del barrio, la calle había tomado un rol protagonista en la escena urbana, pero al emerger los edificios en torre, pasa a convertirse en “residual”, mientras que las torres avanzan como objetos de atracción. Se vuelve notable la ausencia de valoración crítica de las unidades tipológicas de nuestro esquema urbano y aparece una segmentación del tejido, que lleva a una mayor heterogeneidad morfológica. Las vías de circulación se desmaterializan y se desestructuran las manzanas, derivando en un esquema ambiguo donde no existe la distinción entre lo público y lo privado.
Se evidencia que la palabra ambigüedad está utilizada en éste caso con una connotación negativa, dado que dicha variedad morfológica está dada sin la aplicación de un criterio ni de una planificación previa, sino que es el resultado de una profunda crisis social y económica.

CAPITULO 3: Complejidades del espacio urbano


Como se pudo observar en el capítulo anterior, existe una estrecha relación entre la realidad socio-económica y la morfogénesis urbana. Aparecen, de esta manera, una serie de conceptos relacionados; la grilla y el parque, actúan como instrumentos de intervención urbanística, constituyendo las estructuras básicas (células) del espacio público metropolitano. A su vez, el espacio público carga con una radical ambigüedad: habla, al mismo tiempo de forma y política. Si bien no existe una teoría que permita combinar la producción mutua entre ambas, la relación que establecen entre sí es casi el producto de un choque. El espacio público es tal, en tanto es atravesado por una experiencia social, al mismo tiempo que la organiza y le da formas. En Buenos Aires, el espacio público funcionó siempre como detonante de la emergencia, en su rol como instrumento de regulación pública de la forma urbana. A partir de intensas discusiones intelectuales y políticas se pone a la ciudad y su espacio público en el centro del debate cultural sobre la definición de la nación: cambiar la sociedad y cambiar la ciudad, son las dos caras de un mismo proyecto que encuentra su forma definitiva en la grilla y el parque.
Las historias tradicionales de fines del siglo pasado, apuntan a mostrar una ciudad que “copia” el modelo europeo, modernizándose con infraestructura británica, con criterios urbanos franceses y con constructores italianos. Pero estas afirmaciones resultan inútiles, ya que no permiten entender que lo que aquí se produjo como ciudad y como sociedad, está lejos de ser una versión paródica de “modelos originales”. Si bien resulta inevitable admitir la influencia de los modelos europeos, también resulta indiscutible la huella que deja la Pampa en la constitución de la ciudad.
En general, existe un repudio culturalista a la cuadrícula y sin embargo, uno de sus efectos fue su total naturalización, como si se tratara de algo inevitable, inherente a las condiciones naturales del lugar.
La ciudad, a través de la cuadrícula, intenta llenar el vacío de la Pampa, funda ciudad sobre la nada. Martínez de Estrada (1933 [1986: 197]) verá que “Buenos Aires ha sido engendrada, concebida, superfetada por el llano. Superficie: ésa es la palabra emblema. Superficie es la misma ciudad, que carece de tercera dimensión”. Infinidad de testimonios tienden a identificar la ciudad como una prolongación indeterminada de la Pampa; escribe Massimo Bontempelli (1933 [1994: 68-69]).
Buenos Aires es un pedazo de pampa traducido en ciudad. Esto explica su construcción por manzanas […]. Repitiendo al infinito las manzanas, se hace una ciudad, sin límites necesarios. […] El principio de la repetición al infinito, enseñado por la naturaleza con la Pampa, ha sido repetido escrupulosamente por los hombres cuando tuvieron que construír el mundo humano de frente al mundo natural.
Se expone aquí claramente la fundación de una forma abstracta, homogénea, regular: pura cultura. Pero en esa regularidad, el culturalismo denuncia el triunfo de la naturaleza - y nada más tradicional que ella -, porque lo que aparece como principal abstracción es la propia inmensidad de la llanura, su ausencia de organicidad.
Esto deriva en una falta de límites concretos; la ciudad moderna, a medida que avanza sobre la Pampa, se vuelve más y más su propia metáfora. Emile Daireaux (1888 [1952: 119]) con el modelo de una París radial y barroca respalda su crítica a la Buenos Aires de los ochenta:
Enteramente derechas, las calles continúan siempre, sin otro objeto que el de prolongar en una misma línea las que fueron trazadas o esbozadas hace tres siglos. Conducen más lejos que entonces, pero al mismo lugar, a los confines de la ciudad, que retrocede frente a ellas sin modificarse en nada […]. Os invade una especie de melancolía al caminar siempre a lo largo de casas que no aportan más que el sentimiento de haber sido vistas…
A lo citado anteriormente, Venturi podría agregar una serie de consideraciones al respecto; si bien esta especie de continuidad absoluta conduciría al aburrimiento, el orden regular de las calles de Buenos Aires no es sino una contradicción violenta en escala, ritmo y texturas, para no mencionar la variación en alturas y estilos de los edificios que la limitan. Las estridentes irregularidades de edificios y anuncios están contenidos en el orden regular del mismo espacio. Pero cuando estas irregularidades se tornan interminables, corremos el riesgo de caer en una complejidad falsa.

Conclusiones

En mi opinión, es inevitable que se den ciertas superposiciones en una ciudad, dado que en ella intervienen distintas entidades y actores sociales, pero no hay que dejar de lado una cierta planificación que la ordene y le de un sentido para evitar así caer en el caos. Se torna necesario que clarifiquemos para nosotros y para quienes nos siguen qué clase de ciudad deseamos, cómo queremos vivir en ella y cómo queremos que se construyan.
Hoy en día, este tema que afortunadamente se desarrolla desde un plano interdisciplinario con el aporte de no sólo los urbanistas y arquitectos, sino de los economistas, sociólogos, psicólogos, ecologistas e historiadores. Desde luego no sucede en todos los países ó regiones ó ciudades, aunque es la forma lógica de lograr una ciudad humanizada y no un tormento para el ciudadano que en ella “vive”.
El espacio público NO debe ser solamente un resorte del poder de los entes oficiales, sino que debe incorporar a sus principales actores: el hombre, la familia, la comunidad .
La arquitectura no sólo es estética, sino que también es ética, moral, manera de pensar y de vivir. La dialéctica de la arquitectura refleja la dialéctica de la vida. En ella existen simultáneamente: continuidad y mutación, lo universal, lo nacional y lo individual, lo objetivo y subjetivo, lo intelectual y lo emocional, lo eterno y lo transitorio, lo objetivo y contextual.

Bibliografía:

BONTEMPELLI, Massimo. 1933. Notas de viaje por América del Sur ( Buenos Aires, Cabaut y cía. editores, 1994)
DAIREAUX, Emile. 1888. Vida y costumbres en el Plata. (Buenos Aires, Félix Lajouane, 1952)
GUERIN, Miguel Alberto. 1985. “Funciones y modelos urbanos”,en Jornadas sobre La historia de la ciudad de Buenos Aires. La vivienda en Buenos Aires, Buenos Aires: Municipalidad de la ciudad de Buenos Aires, 1985), 11-13.
MARTINEZ ESTRADA, Ezequiel. 1933. Radiografía de la Pampa (Buenos Aires, Hyspamérica, 1986).
ROSSI, Aldo. 1966. La arquitectura de la ciudad (Barcelona, editorial Gustavo Gili, 1990).
ROWE, Colin y KOETTER, Fred. 1978. Ciudad collage. (Barcelona, editorial Gustavo Gili, 1981).
VENTURI, Robert. 1966. Complejidad y contradicción en la arquitectura (Barcelona, editorial Gustavo Gili, 1972).


 





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