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Hammurabi y el Código de Construcción


 






Ensayo:
ideas y espíritu de la época.

Desde que el hombre ha tenido conciencia de si mismo, y por ende de su propia existencia, este ha encontrado que dentro de su misma naturaleza esta su espíritu gregario, lo cual lo ha orillado a vivir en sociedad con los demás seres similares a el, ya sea por parentesco o por simple vecindad, y a su vez ha descubierto que la realización de las diferentes actividades que benefician a uno o varios individuos del grupo humano al que pertenece, resultan mas sencillas si realizan en conjunto, pero esto se dificulta al momento de que esta sociedad primitiva se convierte en un grupo humano mas complejo y heterogéneo, lo cual le ha obligado a crear un determinado orden de conducta que regule las actividades de los individuos dentro del marco social al que pertenecen.
Si bien es cierto lo que según algunos sociólogos y antropólogos sostienen de que al inicio de la humanidad no había la gran cantidad de normas de conducta a seguir, tal como las que actualmente tenemos, si existían ciertas bases de comportamiento comunitario que los individuos pertenecientes a esos grupos sociales estaban obligados a seguir, sobre todo en épocas de guerra, en donde el mando era ejercido por el guerrero más hábil o valiente de cada grupo en conflicto, el cual, al termino de las hostilidades, regresaba a sus actividades cotidianas, ya que en esos albores de la humanidad, no todas las comunidades tenían necesariamente un líder políticamente dominante sobre todo el grupo en cuestión, lo cual demuestra que ante las diferentes circunstancias que provocan los cambios constantes entre la paz y la guerra, las normas de conducta fueran igualmente cambiantes según el momento social por el que atravesase la comunidad en cuestión, estos cambios pasado el tiempo, afectaron aun al mismo líder guerrero, el cual después de haber probado el poder, le era difícil dejarlo para convertirse en otro simple miembro mas del clan, creando con esto el principio de la autoridad total ejercida por el líder que pronto pasaría a convertirse en rey.
Aunque esto es ya otra historia, nos sirve como punto de referencia para analizar la necesidad de la existencia de leyes y reglamentos que regulen nuestro comportamiento como seres humanos que compartimos un mismo entorno en el tiempo y el espacio, y que de igual manera ayuden a la coexistencia pacifica entre todos los individuos que formamos parte de cada grupo social y territorial, que conformamos esto que se llama nación.
Junto a la evolución de la humanidad, también sus leyes y reglamentos se han ido transformando, pasando a ser parte inherente de su propia existencia, configurada según las ideas políticas y filosóficas imperantes en cada época, tal como ha quedado plasmado en la piedra que constituye uno de los ejemplos mas claros y antiguos sobre reglamentos y códigos de conducta, y al cual conocemos como el Código de Hammurabi.
He querido a propósito hacer mención del Código de Hammurabi, -aunque dicho sea de paso, mas que un código en si, parece ser la composición de una serie de enmiendas al Derecho común babilónico- para hacer notar que aun dentro del “barbarismo” como hemos calificado a las épocas de la historia antigua de la humanidad, este documento pétreo, denota una constitución plenamente humanista, aunque sumergida en las ideas prevalecientes de las culturas semíticas donde la idea de justicia esta referida al principio del “el ojo por ojo, diente por diente”, marcando las violaciones a la ley y sus respectivas sanciones, como es el caso del castigo para los malos arquitectos, ya que este código señala que “Será condenado a muerte todo constructor de una casa que se derrumbe y mate al propietario” .
Pero aun pese a esto, sorprende por dar un gran valor al ser humano, ya que el Derecho protege a los débiles y menesterosos, mujeres, niños o esclavos contra la injusticia de los ricos y poderosos, lo cual queda enfatizado en la transcripción del siguiente párrafo del mencionado código:
“La causa de la justicia prevalezca en el mundo, para destruir al malvado y al perverso”.
Describe además a la ley como medio para que “la tierra disfrute de un gobierno estable y buenas reglas”, las cuales se dejan escritas en un pilar para que “el fuerte no pueda oprimir al débil, y la justicia acompañe a la viuda y al huérfano”.
Curiosamente hablamos de un documento de 1700 años antes de Cristo, en donde pese a la cosmovisión y costumbres de su época, pone al hombre, y sobre todo al hombre de pueblo, al habitante común y corriente como el principal beneficiario de esta regulación.
Durante el largo proceso de cambios entre las diferentes épocas históricas, el hombre ha experimentado etapas de gran esplendor y también de oscuridad en todos los campos del saber, y por lo tanto también en sus leyes, decretos, usos y costumbres, de las cuales, estas ultimas, de la mano del tiempo, llegan a convertirse propiamente en leyes.
Esta evolución a sacado lo mejor y lo peor del hombre, hasta que llego a un punto de ruptura, en el que se hizo necesario intentar una depuración de los reglamentos autocráticos herederos de las mas anacrónicas etapas medievales que imperaban en Europa hasta finales del siglo XVIII, y buscar cambias radicales, los cuales se dieron a partir de la Revolución Francesa, la cual marco un parte aguas en la historia, al clamor de la libertad, igualdad y fraternidad, cuyos ecos hicieron huella en las mentes de todos los hombres pensantes de todo el mundo.
Esta etapa a la que hemos llamado modernismo, se presenta como la era con mayores avances, científicos, tecnológicos, artísticos, filosóficos etc. en donde el hombre a llegado hasta puntos solo imaginados por la mente de los tratadistas de la ciencia ficción, pero en este momento cabe preguntarnos, ¿que nueva etapa sigue ahora que estamos en el umbral de lo que según algunos pensadores modernos es el comienzo de una nueva era.?
Ante este eminente cambio de época, cabe entonces preguntarnos si en verdad el espíritu humanista y de libertad de los que el hombre moderno se ha jactado de haber alcanzado, se encuentra en realidad plasmado en nuestras leyes, y si estos conceptos en verdad se ejercen plenamente por todos los hombres que habitamos el planeta. Evidentemente la respuesta a esta cuestión es negativa, si por un lado, bien es cierto que el ser humano ha logrado romper las barreras y ataduras que lo encadenaban a la ignorancia impuesta por las tradiciones sociales y religiosas del medioevo, y que gracias a los alcances del conocimiento tecnológico y la investigación científica, le ha permitido llegar hasta la manipulación los códigos genéticos de la vida misma en el planeta, lo cual le ha hecho sentirse como el amo del universo, así mismo, también se ha provocado un nuevo giro en las ideas de la gente del mundo occidental, la cual ha volteado a ver como paradigma de este siglo, los valores de la democracia y libertad política y social.
Mas sin embargo, por otro lado, es en esta misma época del progreso y el humanismo, donde se han presentado las más devastadoras guerras mundiales que han diezmado a la humanidad, aun con mayor fuerza que las más temibles plagas infecciosas por las que ha sido azotada, a sí mismo se han acrecentado los odios raciales, y se han llevado a cabo los más espantosos genocidios motivados por diferencias étnicas y sociales, se ha impulsado por algunos sectores de la sociedad, la intolerancia ideológica, los niveles de drogadicción alcanzan cifras estadísticas jamás pensadas, al igual que los crímenes cometidos por esta misma causa, la naturaleza ha sido devastada en forma irracional, aun a sabiendas de que muchos de los daños son irreversibles y que los perjuicios como resultados de esto se reflejaran en el termino de su propia vida.
Esto nos lleva a preguntarnos ¿en donde hemos fallado? ¿Por que si esta ha sido la época de mayor avance de la humanidad se experimentan estas contradicciones? Y el por que queda en la mente de la gente la sensación de confusión, tal como lo dice el filosofo español José Ortega y Gasset “Estamos en la desesperación del conocimiento” lo cual ejemplifica con esta problemática al referirse a Cicerón:
“Pontífice, no sabe si hay dioses; consular, es decir, gobernante, no sabe que estado debe haber. La creación política de Roma es demasiado complicada. De puro irle bien a Roma, naufraga en su propia abundancia. He aquí un hombre perdido en su misma cultura intelectual y política.”
Otro punto importante dentro de esta vorágine de problemas, es el poder rescatar las cosas valiosas que esta época trajo consigo, pero de una forma mas racional y humana, procurando que la ciencia y la tecnología estén siempre al servicio del hombre y no el hombre a su servicio, que los nuevos descubrimientos se apliquen a favor de la paz y en el bienestar de todo ser humano.
Dentro de todo este marco de ideas, el ser humano tiende a cambiar de forma de pensar conforme a la cosmovisión de cada época, desde que la profesión del arquitecto pasó a ser considerada como una actividad a la cual solo un selecto grupo de artesanos podía acceder, ya que estos se separaron del simple obrero artesano hasta alcanzar el nivel de artista calificado, creador de obras dignas de considerarse dentro de los catálogos nacionales, donde los aspirantes a este reconocimiento debían de demostrar sus conocimientos y alto dominio sobre las ciencias y las artes, tales como la geometría, la historia, la física, la astronomía, tanto como el conocimiento de la relación intrínseca del hombre con la naturaleza, así como también del comportamiento humano.
Que podemos decir si comparamos al arquitecto tipo actual, con el de los años anteriores, en donde nos podremos dar cuente de la gran diferencia que existe entre uno y otro, sobre todo en nuestro país, tanto en la distancia marcada por el tiempo como en la preparación academica, donde la calidad de la educación profesional se ha sacrificado para dar paso a la masificación de estudiantes en nuestras universidades, en pos de reglamentos populistas creados para satisfacer el ego e imagen de los gobernantes en turno, lo cual produce generaciones de jóvenes frustrados al darse cuenta que no hay cabida para todos en el campo laboral y que su preparación dista mucho de la calidad mínima deseada para una profesión tan compleja y completa como es la arquitectura.
Cierto es que ante la globalización actual por la que atraviesa el mundo en este cambio de época, obliga cada día mas a la especialización de la profesión, puesto que ya no son las cosas como antes en que una sola persona podía y debía resolver las demandas de servicios necesarios a la sociedad dentro de su hábitat, tales como son la comunicación, la construcción, el mobiliario, el diseño arquitectónico, el diseño de interiores y otras.
Dentro de este contexto, se viene a sumar la indolencia por la que los miembros del área de la arquitectura han caído, dejando a otras organizaciones, que en ocasiones resultan ser totalmente ajenas a este gremio, las decisiones respecto a lo que se debe o no hacer en este renglón, es decir, en los códigos y reglamentos destinados a la regulación de este campo, si bien es cierto que el hombre, como ya hemos visto en las líneas anteriores, va adaptando las leyes y reglamentos al contexto sociocultural de la época, es de vital importancia que estas sean elaboradas y revisadas por cada especialista en la materia, dejando a un lado a los tecnócratas que solo tienen como meta el agradar a sus superiores en busca de un reconocimiento “a su desinteresada colaboración y talento”, o en el peor de los casos en pos de intereses obscuros, pero esto no podrá suceder mientras los diferentes grupos de arquitectos y profesionistas afines, se encuentren mas interesados en desarrollar sus proyectos y obras no para ofrecer un satisfactor adecuado al usuario, si no con el simple fin de impresionar a sus colegas de profesión, mientras que otros ofrecen sus servicios cada vez a costos mas bajos, con lo cual bajan la calidad de su trabajo y devalúan la profesión, todo esto impulsado por la baja oferta de trabajo y las recurrentes crisis económicas que han acosado a nuestro país.
Al hacer una revisión sobre algunos códigos de construcción, y en especial del Reglamento de Construcciones del Municipio de San Luis Potosí, como ejemplo, se podrá hallar que efectivamente, se encuentra la mano de los expertos en el tema, apoyados por equipos consultivos de abogados, quienes contribuyeron a dar forma legal a este Reglamento, al igual que a los similares de todo el país.
Resulta fácil encontrar que estos reglamentos mantienen en si mismos un espíritu regulador para la realización de obras en la ciudad, cuya estructura se encuentra perfectamente integrada, y que a la vez estos códigos, como es el caso del Reglamento Municipal, se basan en los diferentes planes de desarrollo y reglamentos de construcción tanto estatales como federales, y cuya organización va desde vía publica y uso de suelo, pasando por las respectivas disposiciones para condominios y fraccionamientos, proyectos arquitectónicos y requisitos estructurales, hasta finalizar con el apartado referente a los responsables de obra, lo cual, a la letra esta perfectamente bien planteado, ya que se marca, desde las definiciones y generalidades de los términos utilizados hasta su aprobación, revisión y sus sanciones en caso de violación a la misma, mas sin embargo, todo este planteamiento en ocasiones queda solo en letra muerta, debido a nuestros factores socioculturales que nos han acostumbrado a vivir, tolerar y sufrir la negligencia gubernamental hasta pasar por la mas vergonzosa corrupción, la cual es vista por la población como un ejercicio cotidiano en el cual se transita de uno a otro actor en cada caso especifico.
Como ejemplo de lo anterior, solo basta hacer un somero análisis de algunos puntos que son evidentes muestras de este problema:
Las áreas de donación (Art. 45; 47; 48) marcan que estas deben de ser de un 15% del área neta del fraccionamiento, sin embargo, es común que dichas zonas sean al poco tiempo de haber sido recibido el fraccionamiento por el municipio, relotificadas y vendidas a particulares, sin respetar el uso que originalmente deberían tener, creando con esto un aumento en la densidad planeada para el fraccionamiento.

Dentro del mandato del Articulo 12 inciso c); dice a la letra:

“Para elaborar mezclas de materiales directamente, en pavimentos y banquetas, para tal efecto deberán usarse artesas de 1.50 metros por lado y de 20 centímetros de altura como mínimo y manteniendo en obra el numero necesario de ellas para el debido cumplimiento de este precepto.”
Que articulo más importante para el mantenimiento de nuestra imagen urbana, mas sin embargo, este es un punto que absolutamente nadie respeta, por lo que las calles de nuestra ciudad se encuentran plagadas de costras de concreto, ya que estas han servido como base de apoyo directa para la fabricación de mezclas y concretos, que van desde un simple parche hasta un colado estructural, y todo esto ante la indolencia de las autoridades y de los mismos constructores.
En cuanto a la lotificación de fraccionamientos de alta densidad, (Art. 47 inciso c) y que son los que constituyen la mayor parte de los desarrollos urbanos, el Reglamento indica que estos lotes “No deberán tener un frente menor de 6 metros, ni una superficie menor a 90 metros cuadrados.” Lo cual dentro de esta especificación es posible construir casas dignas para sus habitantes, pero ahora en base al régimen de condominio es posible “meter” dos casas en terrenos de 8 metros de frente, con lo cual da como resultado dos flamantes “palomares” de 4 metros de frente.
Estos son solo unos simples ejemplos de las muy diversas irregularidades por las que atraviesan, no en si los reglamentos de construcción, sino la observación y aplicación de los mismos por parte de los individuos involucradas, claro esta que gracias a las argucias legales, es posible hacer algunas maniobras en beneficio del constructor, pero esto debe de llevarnos a pensar nuevamente en el fin que tenemos como profesionistas y prestadores de servicios, que cuyo compromiso debería estar en colaborar en la creación de una mejor sociedad, mediante labores destinadas a brindar a los demás una mejor calidad de vida, dentro de un marco de integridad y ética profesional, pero nos comportamos como simples mercaderes sin mas interés que la obtención de mayores y mejores dividendos económicos.
Hammurabi, condenaba a muerte a los malos arquitectos y constructores, pero ahora somos nosotros mismos quienes condenamos a muerte a estas profesiones, por ser culpables de la indolencia en su ejercicio y por no hacer de ellas un instrumento integral al servicio del hombre.
Esto debe de llevarnos a realizar una reflexión mas detallada sobre nuestros valores como seres humanos, si bien es cierto que tenemos en nuestras manos los beneficios de los avances científicos y tecnológicos de la modernidad, pero también llevamos sobre nuestras conciencias, ese pesado lastre de cargas negativas, confusiones y contradicciones heredadas por un mundo en constante movimiento, en el cual priva un persistente reto y rechazo a toda forma de autoridad constituida, así como una cada vez mas creciente falta de credibilidad en las instituciones sociales establecidas, ante esta problemática, el hombre en ocasiones parece perder su orientación humanista a cambio de los apegos a los valores netamente materiales, que nos hace perdernos en una filosofía banal amante de las cosas intrascendentes, que nos pide vivir una existencia sin mayores compromisos que los que nos otorguen beneficios personales inmediatos, y de satisfactores personales egoístas, donde los seres humanos tendemos a “cosificarnos” en aras de una modernidad mal entendida.
Autor: Juan Carlos Aguilar Aguilar
Febrero del 2001
Maestría en Arquitectura


 





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