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Monasterio de San Lorenzo del Escorial


 







Arquitectura. Palacios. Austrias. Borbones. Características arquitectónicas Monasterio de San Lorenzo del Escorial




Los Palacios

El cuadrado que se forma al tomar como lados externos la mitad de la fachada norte y la mitad de la fachada oeste corresponde al palacio propiamente dicho, también llamado palacio de los Borbones, pues a ellos se debe la disposición y decoración actual de estas dependencias. Las habitaciones de Felipe II, también llamadas palacio de los Austrias, ocupan el cuerpo saliente que rodea la capilla mayor.


Monasterio de San Lorenzo del Escorial


Palacio de los Austrias

El palacio del siglo XVI fue el lugar de residencia de Felipe II. Está formado por una serie de salas decoradas con sencillez. Numerosos cuadros y tapices cuelgan de sus paredes, destacando “Los pecados capitales” de El Bosco y una colección de retratos. En una de las salas está la silla de mano, utilizada para trasladar al monarca cuando enfermó de la gota. En ella vino desde Madrid en el que sería su último viaje. Murió el 13 de Septiembre de 1598 a los 71 años de edad y 41 de reinado. Su habitación está junto al altar mayor de la basílica y desde su cama, a través de una ventana, podía seguir los oficios.
De la Sala de las Batallas se baja por una buena escalera de piedra que nos sitúa en una galería que tiene la virtud de ilustrarnos sobre la genealogía de los Austrias. También se exhiben en ella grupos orantes de las familias de Carlos V y Felipe II obra de Pantoja de la Cruz, anteriores y diferentes a los bronces que ocupan los laterales del altar mayor de la basílica.
Las habitaciones que comprenden el palacio ocupan las salas que se distribuyen alrededor de la capilla mayor, en la zona conocida como el mango de la parrilla, que son las que habitó el rey fundador Felipe II y su hija predilecta la infanta Isabel Clara Eugenia. Todas ellas quedaron abandonadas durante los siglos XVIII y XIX pero sin desperfectos apreciables, de forma que han podido ser restauradas conservando su primitiva disposición de suelos de baldosas, zócalos de cerámica talaverana, muebles de época, cuadros y recuerdos personales del rey que permiten evocar el ambiente en que vivió y murió el personaje clave del monasterio.
Las primeras estancias que hallamos en la visita son las Habitaciones de la infanta Isabel Clara Eugenia que en un principio se denominaron Aposentos de la Reina. Son tres habitaciones: una que corre a todo lo largo de la parte norte con ventanas a los jardines, y dos alcobas. En la que fue dormitorio de la infanta puede admirarse una cama de nogal con cortinajes y dosel de estilo oriental. También llama la atención el claviórgano que usaba la infanta, heredado de su abuelo Carlos V, y los dos oratorios de ricos mármoles que comunican con el presbiterio de la basílica en forma de tribuna para asistir privadamente a los cultos del templo. “Los desposorios místicos de Santa Catalina” de la escuela de Colonia, otro tríptico de “La Virgen con el Niño rodeados de santos y donantes” de escuela de Malinas, otra “Virgen con el Niño” con preciosos paisajes de fondos de escuela flamenca, otra pintura de la misma escuela “Virgen con Niño coronada por ángeles” y un “Calvario” espléndido de Fraus Floris. Otras pinturas de estas habitaciones de tema místico son dos “Sagradas Familias” de escuela italiana, una tabla de la “Adoración de los Reyes”, un “Descendimiento”, una tabla alemana del “Arcángel San Miguel” y varios óleos más además de cobres y vitelas interesantes. En el apartado de los retratos podemos ver los de las infantas “Isabel Clara Eugenia” y “Catalina Micaela” hijas de Felipe II, la “cabeza­retrato” del monarca anciano atribuida a Sánchez Coello, y-hasta su desaparición por robo en 1982-la miniatura­retrato de doña Juana de Austria, hija de Carlos V de autor anónimo aunque atribuido por unos autores a Tiziano y por otros a Sánchez Coello.
Un largo y estrecho pasillo conduce desde los aposentos de la infanta a las Habitaciones de Felipe II que tienen una disposición parecida: una habitación rectangular con ventanas al jardín y dos pequeñas estancias, una de las cuales es el dormitorio.
La habitación más amplia sirvió de austero despacho del rey conservándose la mesa, un sillón y su banqueta, el estante, el tintero, la carpeta, algunos libros y el reloj­candil que el propio rey encargó en 1583 a un afamado relojero y orfebre flamenco que residía en Madrid. Todo este mobiliario se encuentra en la salita oratorio contigua al dormitorio. Sólo se ha dejado en la parte más amplia una mesa en la que se exhibe un documento manuscrito de Felipe II y una serie espléndida de pinturas entre las que hay que destacar el tríptico del Bosco “Los pecados capitales” (réplica del conservado en el Museo del Prado) también conocido como “El carro del heno” inspirado en la frase del profeta (salas “toda carne es heno y toda su gloria como, flor del campo”. Es una sátira muy cruda de los pecados y desvarío de los hombres; desde luego era obra muy del gusto de Felipe II y coherente con su atormentada religiosidad. Otras pinturas valiosisimas son un “Juicio Final” de escuela flamenca, la tabla de “La Presentación de la Virgen en el templo” de escuela flamenca, un “Calvario” de escuela alemana y un pequeño “Descendimiento de la Cruz” de Elshelmer. Otras pinturas que cubren las paredes son un retrato de Felipe II anciano, bustos de Carlos V y su esposa Isabel, jóvenes, y varios cuadros y tablas de asuntos religiosos.
El aposento de la izquierda es la alcoba donde murió Felipe II en 1598. Comunica con unas puertas con el altar mayor por lo que podía oír misa sin levantarse del lecho. Se conserva la cama en que expiró el rey vestida con tapices flamencos del XVI tejidos en oro, seda y lana; una pila de agua bendita con monograma en bronce dorado, un par de sillones, diversos cuadritos piadosos y una pieza de cordobán que cubre parte del suelo, completan el conjunto de la alcoba.
Camino del Salón del Trono se pasa por la Antecámara o Salón de Embajadores, de sencilla decoración, basada en muebles de la época, cuadros con vistas de residencias reales y cazaderos (El Pardo, Aranjuez, Valsain, El Campillo, Aceca), dibujos y grabados del monasterio: una esfera armilar, una gran piedra imán encontrada en las proximidades y un reloj de sol. La puerta que comunica con el Salón del Trono es una auténtica joya artesana de la ebanistería alemana en la que se integran 23 clases de maderas nobles; fue un regalo de Maximiliano de Austria a Felipe II en 1567.
El Salón del Trono es una espaciosa sala con muebles modernos, pero del estilo de la época (el sillón del trono es reproducción del que perteneció a Carlos V). Los tapices si son verdaderas joyas de la primera mitad del siglo XVI, constituyendo un conjunto que se conoce como Dosel de Carlos V. A su lado otros dos preciosos tapices, bruselenses como los anteriores, pero de la serie conocida como Las Esferas.Completan la decoración del salón de pinturas sobre batallas victoriosas bajo el gobierno de Felipe II, mapas antiguos, bargueños, un reloj de sol.
En la Sala de Retratos predominan las pinturas de personajes notables: Carlos V (Pantoja de la Cruz, 1547), Felipe II (Antonio Moro), Felipe III (copia antigua de Pantoja), Felipe IV niño (Bartolomé González, 1612) y Carlos II adolescente (Carreño), todos ellos representados de cuerpo entero y de pie. Otros retratos pertenecen a la hermana de Felipe II doña Juana (Sánchez Coello), don Juan de Austria (copia de Moro) y el duque­general Filiberto de Saboya (escuela española XVI). Otras pinturas de la sala son “Las tentaciones de San Antonio” (escuela del Bosco), al fondo “Santa Margarita de Cortona” (copia de Tiziano) y dos cuadros más con el mismo asunto. También en esta sala podemos ver sillas de las usadas por Felipe II. La última sala del palacio es la conocida como de la Silla de manos por ser la utilizada por el rey para trasladarse de Madrid a El Escorial, y consta que en ella hizo su último viaje que duró siete días, para morir en su alcoba del monasterio. También podemos ver numerosos cuadros en esta sala, entre ellos, cuatro lienzos de Jacopo Bassano: “Adoración de los pastores”, “La Coronación de espinas”, “Jesús en casa de Marta y María” y “Noli me tangere”, un “Descendimiento” de escuela alemana, “David cortando la cabeza a Goliat” de Coxcie, una “Sagrada Familia” copia de Rafael, la “Anunciación” atribuida a Carducci, “El juicio de Salomón” copia de Lucas Jordán, “La flagelación del Señor” atribuido a Juan Correa y “Las Marías en el sepulcro de Cristo” de estilo de Veronés.


Palacio de los Borbones

Hay que entrar por la puerta central de la fachada norte, una vez allí se asciende por una escalera de estilo escurialense a pesar de haber sido diseñada por el arquitecto Villanueva en el siglo XVIII. Entre los cuadros que adornan la escalera hay paisajes, una gran figura de Pelicano (escuela flamenca del XVI) presidiendo el rellano central y una vista de “El Escorial” (escuela española del XVI) junto a la puerta de ingreso al palacio.
Al penetrar en las primeras dependencias del palacio parece como si se hubiese cambiado de edificio, pues se pasa bruscamente de la austera severidad de los Austrias al lujo y ostentación de los Borbones. Esta sensación permanecera a lo largo de todo este palacio que fue restaurado, decorado y amueblado durante el reinado de Carlos III, Carlos IV y Fernando VII con los más bellos y lujosos tapices y muebles de maderas nobles y en estilo de época, además de porcelanas, relojes, cortinajes, arañas, sedas, espejos, cornucopias y todo el oropel propio del rococó.
Tres salitas de paso bien amuebladas y adornadas nos sirven de introducción. Tras ella se entra al Chinero, sala esquinera con buena vista de la cúpula de la basílica que debe su nombre a las preciosas porcelanas de China, Sajonia, Sevres y Buen Retiro.
Las siguientes habitaciones podríamos denominarlas Salas de La Corona pues fueron las que se usaron con carácter oficial durante el reinado de Carlos IV. Comienzan con el Comedor de gala adornado por una magnifica serie de tapices. El más espectacular es el que ocupa todo el lateral del salón aunque en realidad son tres tapices bien ensamblados de temas castizos obra de la familia Goya­Bayeu .
Tras una salita con tapices que presentan escenas de soldados flamencos se pasa a la Antesala de Embajadores que atesora un hermoso conjunto de ocho tapices sobre cartones de Goya. Entre ellos hay tapices que corresponden a los primeros años de su colaboración con la Real Fábrica en los que aunque ya encontramos las atrevidas formas, colores y matices de Goya, aún se evidencien las limitaciones dictadas por las recotas de los tapiceros. En este grupo podría clasificarse «La maja y los
embozados» y “Muchachos cogiendo frutas” ambas de 1777 con espléndido colorido. Al año siguiente -1778-corresponde “El cacharrero” uno de los hitos de la creación goyesca en esta producción decorativa. La clave, quizá más perceptible en el cartón que se conserva en el Museo del Prado, está en la aparición de una belleza en su carruaje junto a los prosaicos regateos de unas mujeres y el vendedor de loza, es decir, la constante bipolarización de la temática de Goya entre el pueblo castizo y la frívola aristocracia.. A una entrega de 1780 corresponde el tapiz “Las lavanderas” en el que el paisaje del fondo recuerda a Velázquez, pero cuya clave también aquí es un bello rostro,en esta composición se observa muy bien además la diferencia entre los pintores de la época que cultivan una acabada ejecución y Goya que ejecuta cada fragmento según lo exigen las necesidades de su expresión pictórica, y ya se anuncian en estos tapices las osadías posteriores del pintor. El último tapiz de
Goya de esta sala es “Las gigantillas”, de 1792, año en que deja definitivamente sus trabajos para la Real Fábrica; es una obra de rico color que nos muestra el Goya pintor de temas gozosamente juveniles. Otros tapices de la Antesala son “Jugadores de naipes” de Bayeu y “El paseo de las Delicias” de Castillo.
El Salón de Embajadores es una espléndida estancia con muebles imperio, jarrones de Sevres, relojes de época, techo decorado y en las paredes tapices de Bayeu: “La noche de Navidad”, “El juego de la vaquilla”, “La taberna”, “El jardinero”, “El juego de bochas”, “El juego de naipes”, y “El choricero Pedro Rico” (que lo era del rey Carlos IV).
La pequeña Sala del Oratorio de la reina María Luisa sigue a la anterior; en ella se pueden admirar tapices con escenas de las Aventuras de Telémaco, hijo de Ulises, tejidos también en la Real Fábrica. Del oratorio propiamente dicho, lo más notable es un magnifico Cristo de marfil y la pintura piadosa de Lucas Jordán que le sirve de fondo.
Con este primer recorrido terminan las Salas de la Corona. A partir de aquí comienza otro grupo de salas que se conocen como dormitorios (también salas de la reina) aunque nada queda en ellas que recuerden este destino. La primera de las estancias es la denominada el Salón de Baile o Sala Rubens por los tapices que cuelgan en sus paredes sobre temas mitológicos (Neptuno a quien se aparece la ninfa Calypso apaciguando la tempestad en que van a naufragar Telémaco y Mentor), cuyos cartones, que sirvieron de modelo a talleres bruselenses, se atribuyen a Rubens. Los demás tapices de esta sala corresponden a cartones del francés Houasse (pintor de Cámara de Felipe V).
La Sala Pompeyana es una de las que más sorprende al visitante por sus originales y bellos tapices de ese estilo dibujados por José del Castillo y tejidos en la Real Fábrica. Destacan sus figuras femeninas, al modo de camafeos, que parecen tener un relieve tan asombroso que no tejidos sino sobrepuestos parecen.
En la sala siguiente se enfrentan de nuevo los tapices de Goya y Bayeu y del resultado queda constancia en el nombre que recibe la estancia: Sala de Tapices de Goya. De los dos tapices del maestro: “El niño del pájaro” (1779) y “La riña en la Venta Nueva” (1791), los tapices de Bayeu son “Los pescadores”, “Los cazadores”, “El jardín de la isla de Aranjuez” y “El toro ensogado”; no se conoce el autor del cartón del tapiz de “El gaitero”.
Una salita adornada con tapices de pequeño formato con escenas de caza da paso a la Sala de Tapices de Teniers por las imitaciones hechas de sus escenas aldeanas que cubren toda la sala, salvo un pequeño hueco en una sobrepuerta que lo ocupa un realista tapiz de Goya “Perros atraillados.”
Paralelas a las salas anteriores y recibiendo luces por la fachada de oriente se encuentran las que fueron Habitaciones particulares de los Reyes, de acceso restringido. Entre ellas se encuentran las Piezas de maderas finas cuyos suelos no soportarían el régimen de visitas turísticas sin un deterioro irreversible en poco tiempo. Son cuatro habitaciones: despacho, retrete, anteoratorio y oratorio. Sus pavimentos, ventanas, contraventanas, molduras, frisos y puertas constituyen una prodigiosa obra de ebanistería y taracea en la que están presentes las maderas más nobles.


 





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